Cuando yo escribía, todavía no había empezado a vivir.
Ahora que vivo, desde hace década y media, qué rápida va la vida,
Qué poco da para la letra.
Gano experiencia, pero pierdo mi vocabulario.
Gano un idioma y otros muchos que persigo – siempre esta sed disparatada de saber la lengua de los otros, de saber, saber más, sin parar, no sea que dejemos de aprender y algo terrible suceda – pero pierdo mi habla, mi metáfora, mi
El cuerpo se nos hace viejo, líneas donde antes era liso, gris donde antes había color, de repente el cuerpo se queja, como casa antigua crujiendo va una rodilla, alerta aquí una espalda de paredes torcidas, la Voz se me va en este reflujo de malogradas tuberías.
A la edad de Cristo, las amistades o dan a luz o mueren, algunas siguiendo su rumbo natural, otras recordándonos que la muerte no sigue rumbos y decidme si no es eso lo más natural.
Qué rápido pasa el tiempo cuando se hacen cosas: maestros del engaño, somos actores impostando roles nuevos, nuevas profesiones, estudios, metas, logros, dinero, deudas, viajes, cansancio constante, alegría sempiterna, algún libro que nos cae en las manos, pero ahora tardo años en leer, pero leo diez libros a la vez. Y no acabo ninguno.
Y cada vez que vuelvo a la lectura, mis ganas de escribir vuelven y pienso si no debería dejar ya todo y entregarme sólo a esto – mas pienso esto mismo de todo lo que emprendo, a cada momento; qué agotador es no saber a qué quiere una dedicar su vida cuando hay infinitas posibilidades y al menos la mitad de esas infinitas son opciones apetecibles, incluso viables, que fueron pensadas, imaginadas, planeadas, empezadas, olvidadas, recordadas, intentadas, abandonadas, retomadas, deseadas y tanto más que se quiere hacer todavía.
Tanto que se quiere hacer y tan solo una vida y este cuerpo con fecha de caducidad, la lucha intermitente entre quien acepta que va a hacer todo [por temporadas controladas por la apetencia] y quien todavía se pregunta si hay algo [específico, único] a lo que está destinada y no está desaprovechando su vida en todo lo demás.
Como, por ejemplo, la escritura.


